1 de noviembre de 2017

operación "bonito del norte"


Estoy aquí.

Y este blog ha subido dos puntos de caché. Ojo al dato. Ahora la que os escribe tiene un titulillo bajo el brazo. Después de la friolera de, ejem, tropecientos años, hay una nueva arquitecta cocinista —somos muchas— por este mundo. Han sido unos mesecitos de ausencia, de cansancio, de cárcel, de que me cuiden mucho y cuidarme poco y, sobre lo que aquí nos interesa, de mucho guarrear comidísticamente hablando. Si me hubieran visto, me hubieran quitado el carné de bloguera de postín. ¡Ay, el chino de Plaza Pontevedra, cuanta satisfacción! Pero lo más importante es el final feliz. Se queda atrás una etapa y aparece otra en blanco. Ya no tengo la excusa de estar haciendo un pfc para cambiar la interfaz del blog. A ver qué me invento ahora.

Para inaugurar esta nueva temporada os traigo una de esas aventurillas que no pueden divertirme más. No ha sido sola, sino que María fue la que pergeñó esta historia. Y yo me dejo liar muy fácil.

Queríamos embotar bonito. Pero no poca cantidad y comprándolo en pescadería como ya os he contado en otras ocasiones, sino a lo grande. Consiguiendo el bonito al mejor precio posible en lonja y siendo ambiciosas en el número de conservas a realizar. Para eso contábamos con Serafín, nuestro contacto marinero. A lo largo de la campaña del bonito del norte, nos avisaría del momento óptimo para comprar.

Como os podéis imaginar, con mi plan de verano pegada día y noche a un ordenador, pensé que tendría que renunciar a esta idea. Sin embargo, resulta que los astros se alinearon y tres días después de entregar dramáticamente mi fin de carrera; un barco con bonitos a buen precio estaba entrando en la lonja de Celeiro.

Antes de seguir, quisiera decir tres cosas.

1. Por un lado, agradecer a los padres de María habernos cedido su casa para tales peripecias. Montamos un chiringuito digno de peli de terror.

2. Por otro, aclarar que esto no es una entrada de como embotar bonito del norte en cantidades industriales. No busca ser modelo ni referencia. No tengo los suficientes conocimientos. Es un relato sobre nuestra experiencia y nuestro aprendizaje. Y como tal, habéis de tomarlo, como prueba y error.

3. Finalmente avisar de que si no os apetece ver fotos de bichos muertos, mejor dejar la lectura para otro momento. No se busca herir sensibilidades.

Ahora vamos con los hechos.

El bonito de la discordia.

11 de septiembre de 2017.

Esta madrugada hemos recibido un aviso. Un gato ha localizado los restos de tres cadáveres de bonito en el conjunto urbano de Abarqueira, en el interior de la comarca de Ortegal. Nos hemos puesto a trabajar de forma inmediata, la urgencia del caso lo requería. Una vez su señoría B. ha dado orden de levantar los cadáveres, hemos comenzado la investigación que a continuación se relata.

7 de septiembre de 2017.

Se intercepta un mensaje de Serafín —cómplice nº1— el jueves por la noche avisando a las sospechosas M.L. y L.C. que la carga entra en puerto. Se nota cierta precipitación de los acontecimientos y nervios en las sospechosas.

L.C. había manifestado a testigos su intención de pasar el fin de semana en la playa y durmiendo la siesta a la bartola. M.L., sin embargo, planeaba una fuga con su amante, F.A.

Sin embargo, una vez recibido el aviso por parte de Serafín, se observan movimientos del grupo reactivándose rápidamente para la operación "bonito del norte".

8 de septiembre de 2017.

El viernes por la mañana la mercancía en bruto (cuatro ejemplares de thunnus alalunga) arriva a la finca Casa da Viuda. La cómplice nº2 Ángeles recibe los fardos de 6 o 7 kg cada uno. Los oculta en el frigorífico de la casa de invitados con intención de despistar. Se hace notar que el cuarto bicho no sufre daños por parte de este colectivo siendo trasladado con posterioridad a la ciudad de A Coruña.

The last survivor para Manuel.

El viernes por la tarde el grupo motor todavía no se ha desplazado al lugar de los hechos, pero se está aprovisionando de los elementos y enseres químicos necesarios en ferreterías y supermercados.

Hablando con los comerciantes se perciben ciertas dudas en la sospechosa L.C. a la hora de surtirse. ¿Cuántos botes compramos? ¿De qué tamaño? ¿Cuánto aceite? ¿De qué tipo? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

En la redada posterior se comprueba que, pese a no ser profesionales, las sospechosas no erraron sus cálculos en demasía.

Listado de elementos requisados:

- Objetos cilíndricos de vidrio adquiridos: 16 botes de 425 mL, 20 botes de 375 mL y 10 botes de 200 mL.

- Objetos cilíndricos de vidrio sobrantes: 10/12 tarros de los anteriormente mencionados.

- Elemento oleico adquirido —aka aceite—: Se hallan notas de las sospechosas sobre cómo calcular la cantidad necesaria. El procedimiento que siguieron es de primero de química experimental. Nos desconcierta. Calcularon la capacidad total de sus recipientes (16L) y adquirieron la mitad de aceite. Deciden emplear aceite de girasol y de oliva para tener un muestrario sobre el que sacar conclusiones de los posibles efectos secundarios.

- Elemento oleico sobrante: Se descubre en el maletero del coche de L.C. (Volkswagen Polo 9292GNM) 1,5 L de aceite de girasol, 0,5 L de aceite de oliva, un casco de bicicleta, un bikini, 17 botellas de agua vacías y lo que parecen ser los planos de evasión de una prisión.

Sí, completamente gratuito, pero lo tenía que meter.

- Otros utensilios que emplearon durante el cocinado: olla grande, olla mediana, boles, hornillo paellero, bombona de butano, cuchillos varios, trapos, manteles viejos, papel de cocina, tabla donde cortar, manguera para baldear, pinzas, basura y un gato que se come las espinas. En estos momentos se están analizando huellas y restos de ADN. Descodificar el ADN del gato retrasará la investigación.

- Recopilación de ingredientes para la receta básica: bonito, aceite, agua, sal.

- Recopilación de ingredientes para la variación "escabeche": cebolla, zanahoria, laurel, pimienta, vinagre, ajos.

9 de septiembre de 2017.

El sábado por la tarde las sospechosas ya están localizadas en el lugar de los hechos. Hay varios avistamientos por la zona llevando a cabo sus tareas cotidinanas domésticas.

Según las investigación, a lo largo de la tarde se realizaron tres acciones: preparación, despiece y cocción.

Sobre las 16h comenzaron las maniobras. Una vez inspeccionado el laboratorio, se observa que prepararon tres zonas diferentes.

1/ Un espacio exterior para el despiece, cerca de la manguera y el pilón, con el tocón y la tabla de cortar.

Además de sangre nos llovió agua.

2/ Un habitación interior, pero baldeable. Allí conformaron la zona de cocción y habilitaron una mesa tapada con con un mantel viejo.

La hora del té.

3/ La cocina de la vivienda. Operaciones delicadas y precisas. Sin mucho ensuciar.

Se hace notar que todas las superficies han sido limpiadas a conciencia pues los restos de lejía son múltiples.

Las sospechosas comenzaron esterilizando el material (tarros y tapas). Fue necesario hacerlo en dos tandas, según el tamaño de los botes.

Antes del TOC.
Marie Kondo pasó por allí.

Aprovecharon bien el poco tiempo del que disponían. Conocedoras de que el agua no hierve si la observas fijamente, aprovecharon ese tiempo para el despiece de los cuerpos.

Según testigos la sospechosa L.C. ha manifestado en multitud de ocasiones su gusto por ver a las pescaderas hacer su trabajo en las plazas. Se entretiene viendo como "cortan de forma precisa, delicada y enérgica los pececillos". Sin embargo, ni L.C. ni M.L. habían despiezado un bonito en su vida. Investigando en su historial web se descubre que han optado por la solución canónica del s.XXI aprendiendo de un videotutorial en youtube.

Pese a la documentación audiovisual estudiada, se han detectado dudas a la hora de enfrentarse al primer bonito por parte de las sospechosas. Fue necesario el empujoncito de la cómplice nº2, madre de la sospechosa M.L., con mucha experiencia con el arma del crimen.

Según los restos analizados, para el despiece se siguieron los siguientes pasos: las sospechosas recortaron las aletas, quitaron las cabezas, evisceraron, intentaron salvar las ventrescas, y cortaron los toros. En definitiva, dejaron las piezas listas para el cocinado.

Empieza el drama. Fuera aletas.

Mano arriba si has pensado que se corta la pierna o cuatro dedos.
Más drama. We love Tarantino.
En una imagen, como destrozar una ventresca.
Padres que sufren viendo a sus hijas cortar.
Así lavaba, así así, así lavaba así así.

El primer bonito sufrió la experimentación. En el segundo ejemplar, el manejo de las sospechosas del arma del crimen se asemeja a un chef japonés y en el tercero, las sospechosas mueren de éxito y cometen errores de principiante. Las ventrescas del tercer bonito sufren imperdonables mutilaciones.

Se observa que se encontraron problemas a la hora del despiece ya que alguna zona se había congelado un poco por estar cerca del fondo de la nevera dificultando la maniobra.

Cortes limpios y profesionales. ¿A qué dan el pego pese a todo?


La tercera acción que las sospechosas ejecutaron ese día fue cocer las piezas de bonito. En la misma olla donde habían sido esterilizados los botes se metieron a cocer todas las piezas de bonito en agua con sal (a ojo) durante 40 minutos aproximadamente pues eran trozos bastante tochos.

Yo me caí en la marmita cuando era pequeña.

Desespumador que me desespumas...

Sacamos un toro para comprobar el punto.

Una vez cocidos, se reservaron todas los trozos sobre una superficie de papel absorbente, se cubrieron con más papel y un mantel limpio y fueron abandonados toda la noche a su suerte, al fresco, para que soltaran la humedad.

Bodegón de buenas noches.

Todas las estancias fueron limpiadas concienzudamente para evitar dejar restos. Las sobras no valorados fueron llevados al contenedor donde el gato que dio aviso los halló.

Hay testimonios que sitúan a las dos sospechosas, al amante y dos conocidos más en un bar de mala muerte de la localidad cedeiresa esa misma noche. Es posible que la jueza B. también estuviese presente, hecho que enturbia la investigación.

10 de septiembre de 2017.

La mañana del domingo, las sospechosas se reunieron de nuevo acompañadas de la cómplice nº2 en el laboratorio de cocina. Durante esa jornada se llevaron a cabo las acciones de limpieza, embotado y vacío.

Comenzaron la mañana limpiando y desespinando las piezas cocidas y secas. Se detecta un segundo fallo grave en el proceso con consecuencias negativas que nos ha facilitado mucha información. Durante la cocción las sospechosas no desespumaron, con lo cual el bonito estaba bastante sucio. Esto retrasó un poco su cronograma ya que además de pieles y espinas se vieron obligadas a retirar la mugre con un papel absorbente algo humedecido.

Luego fueron seleccionando las piezas que mejor se adaptaban a la forma del tarro y rellenando los mismos. Cuando estuvieron bien colmados de pescadito comenzaron a rellenar con aceite. Utilizaron aceite de girasol para los botes grandes y aceite de oliva para los pequeños. 

Los botes colocaditos en el borde de la mesa porque no había suficiente emoción.

Siguieron la técnica tradicional y el relleno lo realizaron en dos fases. En la primera, vertieron aceite hasta un 80 o 90% de la capacidad del tarro. Después introdujeron un palillo o una brocheta tenedor para sacar las burbujas de aire con suavidad. En la segunda, rellenaron hasta el 100% para que el bonito quedase cubierto.

Aceite de oliva y de girasol.
Una vez finalizado este proceso, cerraron los tarros y los sometieron al baño maría. Según fuentes consultadas, lo realizaron en dos tandas, por tamaño de bote, pues el agua no debe cubrir los tarros. Cada tanda estuvo cociendo aproximadamente 30 minutos.

Recién sacados de la cazuela colocaron los botes boca abajo hasta que se enfriaron. Se han observado los cercos sobre la superficie.


Pino puente de bonitos del norte.


Una vez fríos, los transportaron hasta la bodega de la sospechosa M.L. donde su intención es que pasaran los próximos tres meses en un lugar oscuro y fresco antes de salir al mercado.

La mano que mece la cuna...

1 de noviembre de 2017

Después de varias semanas de ardua tarea documental, la investigacion ha llegado a su fin. El alijo fue descubierto y requisado y está pendiente de su análisis por parte de expertos gastronómicos con el fin de comprobar su peligrosidad.

Las sospechosas se han declarado culpables durante el juicio, debido al savoir faire de la jueza B. Las fotografías que acompañan este documento, realizadas por el amante F.A., han resultado reveladoras. Las pruebas son concluyentes y desde aquí le damos las gracias.

L.C. y M.P han asumido todos los cargos de tráfico y manipulación y consumo de bonito del norte. Se les condena a trabajos comunitarios etiquetando, embalando y regalando todas las conservas a familiares y seres queridos durante la próxima Navidad además de compartir todas las recetas derivadas de la utilización de estos bonitos (escalivada, conserva de escabehe y bonito en rollo por lo pronto).

La investigación declara haber sido imparcial y espera ansiosa su recompensa con una pronta degustación. Lamenta haber tardado tanto en escribir este informe, pero se encuetra oxidada tras estos meses de asueto policial. Poco a poco irá retomando los nuevos casos y/o recetas porque indicios no le faltan.


Graciñas por la paciencia y ¡hasta la próxima!


M.L. asoma los ojillos. Gracias por tanto, pequena.

29 de junio de 2017

paseo comidista por Roma

Damas y caballeros. Ladies and gentlemen. Signore e Signori.

¡Los paseos comidistas han vuelto! 

En esta edición, nos trasladan momentáneamente a la preciosa ciudad de Roma a través de mi viaje de cuatro días en la pasada primavera. Después de un año entero, allá por el Pleistoceno, dedicado al estudio de sus calles, sus plazas, sus palacios, jardines y Papas; después de toda una vida adorando la comida italiana —¿y quién no?— no podía tener más ganas de conocer esta ciudad. 

Voy a intentar acercaros mis vacaciones en Roma. Casi, casi igualica que Audrey.


Como en anteriores paseos comidistas intentaré estructurar la entrada según lo que fuimos comiendo a diferentes horas del día. Por intentar poner algo de orden en el caos. Aunque para caos, el tráfico en Roma. Dad gracias a que os lo esté contando hoy.

Desayunos

Los desayunos los hicimos en la pequeña cocina de nuestro hogar romano. Nuestro casero se llamaba Paolo y merece una mención. ¡Ay, Paolo! Suspiramos. 

Todas las mañanas nos dejaban una mesita preparada con magdalenas, cápsulas de café, zumo de naranja industrial y porciones de mantequilla y mermelada. Como comprenderéis, eso no es suficiente para un primer desayuno de hobbits, así que nosotras decidimos complementarlo.
Desayuno del amor en casa Paolo.
Aprovechamos el momento desayuno para probar los productos que habíamos comprado en las tiendas o supermercados por los que habíamos pasado a lo largo del día. Nos surtimos de buen producto fresco. A saber:

Fruta: Recuerdo especialmente unas ricas fresitas de la zona del Lazio. Estaban justo en temporada y se notó. También comimos unos tomates bastante dignos.
Yogures naturales: Los compartía con Andrea y probamos todo tipo de porcentajes de materia grasa. Da gusto tener variedad en las estanterías del súper. Mis preferidos, los ácidos tipo "griego". Siempre sin azúcar.
Pan: fue muy fácil encontrar buen pan en Roma. La tendencia "pan artesano con masa madre" traspasa cualquier frontera. Precios un chisco elevados, pero no nos vamos a quejar, estaba muy bueno.
Quesos: Compramos un par de ellos para probar sin tener tampoco mucha idea. Uno tierno (más normalito) y una buena mozzarella. También encontramos una quesería estupenda, Casa dei Latticini (Via de Collina 16) donde compramos pecorino y parmesano. Y no nos pudimos llevar otros quesos frescos porque seguro que nos los quitaba Ryanair. Es interesante apreciar las diferencias entre la mozzarella (leche de bufala), ricotta, fior di latte (leche de vaca), burrata. Cuánto qué aprender.


Mozzarella, ricotta, burrata, fior di latte, yogur. ¿Me pone usted un poco de todo, caballero?
¿Podría yo vivir en ese primero, por favor?

Con estos desayunos teníamos energía para unas cinco o seis iglesias barrocas, tampoco más, no os penséis. Borromini da hambre.

Comidas y cenas.

Para nuestro sustento principal, decidimos hacer una opípara y opulenta comida al día sentadas en algún sitio bonito, bien fuese al mediodía o por la noche. Fue nuestro momento ansiado para buscar la pizza y la pasta de alguna mamma italiana pensando que sería pan comido —mmmmmmm, error—.

Sobre la pizza


Roma es una ciudad muy, muy turística, y como tal, proliferan sitios de diversas calidades. Después de cuatro días en Roma, yo marché sin probar una auténtica pizza italiana. Aunque teníamos algunas recomendaciones de restaurantes y sitios donde comer no tuvimos mucha suerte con este plato.

Las que probamos estaban bien, nivel medio alto, menos una que fue un desastriño. Sin embargo, sé de buena tinta que no alcanzamos el nivel superior, el cielo de las pizzas de masa fina, burbujeantes, pocos ingredientes y extraordinarias de sabor. Simplemente quiero destacar que, según mi experiencia en este viaje, no en todos los sitios de Roma la pizza es excelsa. Hay de todo en la viña del señor.

En cualquier caso, comentaré dos de las que probamos. La tercera no lo merece.

La Focaccia | Via della Pace, 11. 
[Nota 6,5/10]. Ricas, combinación de ingredientes divertida, precio medio y terraza agradable al sol y sombra. Sin más. Salimos de una interesante exposición retrospectiva de Basquiat en el Chiostro del Bramante y nos pilló con hambre.

Pizza con berenjenas y tomate.
Pizza con pera, gorgonzola y nueces.

Carlo Menta | Via della Lungharetta, 101.
[Nota 8/10]. Ubicada en el Trastevere es un local al que acude mucha gente jovenzuela porque cumple las tres "b": bueno, bonito y barato. Le concedo lo de bonito porque está en el Trastevere ya que el local en sí no es apto para paranoicas de la SI —a.k.a. Seguridad contra Incendios—. Bueno y barato lo cumple con todas las de la ley. Esa noche yo estaba desencantada con el mundo pizzero y no me animé a pedirla, pero Andrea y Yas sí, y pudieron quitarse la espinita despidiéndose de Roma con bastante xeito.

Sobre la pasta

Todo lo contrario nos sucedio con la pasta. Tuvimos mucha suerte o todo el monte es orégano. Entramos en un local del que no teníamos recomendaciones y ¡bingo!


Marco G | Via Garibaldi, 56.
Fue la mejor cena de todo el viaje. Restaurante idílico en callejuela poco transitada del Trastevere después de ver el atardecer sobre las cúpulas de Roma desde San Pietro —¡oh, cuánta hermosura junta!—. Tres de tres platos muy buenos. Pasta al dente, bien ligada con la salsa justa y acompañada por un buen queso.

Andrea > Mezze maniche all'arrabbiata. Algo parecido a macarrones con salsa de tomate picante.

¡ñam!

Yas > Ravioli di zucca, burro e salvia. Ravioli de calabaza con salsa de salvia y mantequilla. Lo mejor.

¡ñam, ñam!

Lucía > Fettuccine ai carciofi. Algo similar a espaguetis con alcachofas y una salsa muy suave, tipo carbonara.


¡ñam, ñam, ñam!

De postre pedimos una selección de postres típicos que ofrecían en pequeño tamaño. Considero que es una buena iniciativa por parte del restaurante ya que podías probar un poquito de todo sin sentirte demasiado vacaburra.

Aquel día tenían tiramisú, zabaglione y panna cotta. Una tríada de postres italianos. Y, aunque todas probamos todos, cada una se decantó por uno. Somos así de bien avenidas. Yas se quedó con el tiramisú, Andrius con la panna cotta y el sabayón alcoholizado fue para la menda lerenda. ¿A que nos pega?

Qué monería de postres. Da penica comérselos, ¡ja!.


Cuña publicitaria > Si necesitáis recetas de tiramisú tengo dos estupendas. Tiramisú y tiramisú enxebre

Carlo Menta | Via della Lungharetta, 101. En este local yo pedí pasta también. Escogí unos gnocchi al pesto muy ricos y abundantes. Tengo muchas ganas de hacer gnocchi en casa de una vez por todas.

Hemos de confesar que tras tan copiosas cenas nos íbamos paseando por la orilla del Tiber hasta nuestra casita y esos paseos de conversaciones trascendentes, también son recuerdo bonito del viaje. También vimos ratas. Es por quitarle poesía (min 0:46 escupiendo con p de po e sía).

Las comidas que no hicimos sentadas como marquesas con mesa y mantel fueron callejeras y modestas. Igualmente bien recibidas. En un portal después de buscar una zona verde durante kilómetros, en un parquecillo, en casa con productos del mercado. Me gustó especialmente cuando comimos en la placita del museo MAXXI de Zaha Hadid, un lugar muy acogedor para no ser muy fans de los edificios de esta arquitecta. Había un ambiente muy agradable con niños patinando y gente tranquilamente sentada. Sin masas. Con mesas. Dios, estoy fatal. Tenían un par de caravanas con comida y muy bien, oye. 

Tentempiés y merendolas

Esta es la sección de los golosos. Os voy a incluir los piscolabis que tomamos para recuperar fuerzas durante el camino además de la consabida manzana. Qué dura la vida del turista. 

En pleno quartiere Coppedè, Andrea —la que sabe, sabe— decidió probar una crostata de albaricoque acompañada con un zumo de granada. Lo pagamos a precio de malaquita y colmillo de elefante, pero estábamos en una terraza del barrio modernista de Roma. Nos lo habíamos buscado. La crostata es una tarta típica italiana de masa similar a la quebrada y rellena con mermelada de frutas. También hay una versión con queso ricotta. Very rich.

Otro día nos compramos directamente una hogaza de pan y una tableta de chocolate negro y merendamos en casiña tan ricamente al volver de conocer la Roma olímpica. Si lo cuento, es porque nos revivió después de los 3000m lisos y bien merece un parrafito.

Aunque para parrafito, el que viene ahora. Tantatachaaaaaaaaaaan. IL GELATO.

Los helados. QUÉ HELADOS. ¡Ay, qué maravilla! Otra vez, tuvimos mucha suerte. Soy muy heladera y Roma es un paraíso para ello. Creo que tomamos helado a todas las horas del día, incluso para desayunar.

¡Para chuparse los dedos! Sí, sobre todo el mío.

Os recomiendo dos lugares en los que, por cierto, se cumplen los tópicos de las buenas heladerías. 

Gelateria La romana | Via Cola di Rienzo 2. Esta estaba en el bajo de nuestra casita. Comiendo un helado esperamos a que apareciera Paolo, nuestro casero remolón. Avellana del Piamonte, limón, chocolate, gianduja (chocolate con pasta de avellanas)... todo para llorar al recordarlo.

Gelato Il Caruso | Via Collina, 13. Mi preferida. La encontramos de casualidad después de comer en el portal de esta calle y resulta que luego teníamos también otra al lado de casa, jojo. Más gianduja, más avellana, más limón... En esta heladería también tenían una versión mini de heladitos preparados. Muy simpaticos.

Quiero volver.
                 


Bebercio

Sí. También hubo de eso. No dejamos títere con cabeza.

Cerveza. Probamos Peroni en un bar y también acudimos a uno de cervezas artesanas hipster en el Trastevere a aplicar las enseñazas de mi amigo Fer de Cervecívoros. Todo muy bien. Muy buena alumna.

Vino. Bajando del Campidoglio teníamos sed. Decidimos parar en Piazza Margana, una placita muy tranquila, sin apenas gente, y dedicarnos a la vida bohemia, beber vino y hacer dibujetes. Probamos Montepulciano y Chianti. Yo no entiendo mucho —bueno, ni mucho ni poco—, pero a las niñas les gustó más el Montepulciano.

Para un dibujo en el viaje que me queda pro, hay que lucirlo. ¡Viva el vino!

Combinados. En una enoteca del Trastevere por fin pudimos probar el Spritz del que tanto nos había hablado Andrea. Una suerte de refrigerio de vino blanco o vino frizzante, algún vermú (normalmente Aperol) y agua de seltz o agua con gas. En ocasiones, con un luquete de naranja. Ligero, suave y peligroso en las noches de verano, jaja. Menos mal que en Roma en abril hacía un frío pelón, si no, caían cuatro.


Carita de Aperol. Espejo del alma.

Menaje del hogar

Caminando por la vía Flaminia nos encontramos, súbitamente, con un mercadillo de segunda mano. Y entramos, claro. Puestos curiosos de antiguedades, objetos, cachivaches y vestidos de Dolce & Gabanna, gafas de Gucci y zapatos de Prada. Todo muy normal. Merodeando por ahí me enamoré de este juego de jarra y cuatro vasos de cerámica de Vietri. Lo compré a un precio que me pareció razonable y conseguí meterlo en mi maleta de viaje sin sacrificar nada. Llegó enterito a Galicia y ahora luce hermoso en mi cocina.Tengo que dejar esta afición por traerme cacharrada frágil de lugares remotos.

¡Os invito a beber agua! Más no, que no tengo.

Y como fin

Se puede decir que llevo semanas escribiendo esta entrada en mis pequeños ratos libres. Por tanto, llevo semanas dándole la tabarra a Andrea con preguntas repelentes de ¿dónde comimos? ¿en qué calle? ¿cómo se escribe esto? ¿cómo se dice aquello? ¿quién fue el trigésimo segundo emperador del Imperio Romano? Lo que aquí está escrito se debe a que ella tomó sus notas. Lo que aquí está reflejado se debe a que mi querida Yas sacó las fotos. Y servidora se dedicó a disfrutar del viaje, ciudad y compañía, y a intentar reflejarlo por escrito.

De nuevo, un placer viajar con vosotras.


El mundo nos espera :)

Grazie mille.

PD. Uxi, te echamos mucho de menos.
PD2. Aquí tenéis otros paseos comidistas: Centroeuropa, Guatemala, Irlanda y Noruega
PD3. No pude probar las carciofi alla giudia, plato emblemático de Roma, pero llegué a casa y decidí hacerlas, así que espero compartir pronto la receta. Si la publico en esta entrada, se haría aún más eterno.
PD4. Yo no tomo café jamás, por eso no hay mención al espreso italiano, pero os animo en los comentarios a dar vuestras opiniones sobre el mismo.

5 de mayo de 2017

mis lentejas


Mis lentejas.

Que a su vez son las de mi padre y es posible que las de mi madre y seguramente algo tendrán de las de mi abuela. Pero, además, ahora son las de Elena y también las de Laura. Que para aquellas personas que por alguna misteriosa circunstancia me leais sin conocerme —alguno habrá, no seáis así— no son mis hijas aunque presuma de ellas, sino jovenzuelas millenials como yo. Sí, eso de millenial me hace sentir cual quinceañera. Y yo con 15 ya hacía lentejas. Donde queda eso. Así que, volviendo al hilo, esta receta no es algo que haya que transmitir de generación en generación como las jojoyas de vuestra familia, sino que se comparte por el vasto mundo.

Es decir que, si queréis, también serán vuestras lentejas.

Tienen el superpoder de viajar en el tiempo y la distancia. Me acercan a casa cuando estoy lejos.

Tienen el superpoder de reconfortar. Mil veces más que el chocolate.

Tienen, por todos es sabido, mucho hierro. Por eso yo de pequeña no las metía en el microondas —true facts—.

Y por supuesto, tienen lo que tienen todas las lentejas. Que si quieres las comes y si no, las dejas.


Ingredientes (aprox 3 personas)

· Un plato sopero lleno de lentejas
· Una cebolla
· Tres zanahorias
· Una patata grande
· Dos tomates maduros
· Aceite de oliva
· Un diente de ajo
· Agua
· Una punta de jamón
· Un chorizo
· Sal

Preparación

1. Pelamos las hortalizas. Cortamos la cebolla y el tomate en trozos menudos; la zanahoria, en rodajas y chascamos la patata.

2. En una olla a presión añadimos 3 o 4 cucharadas de aceite de oliva. Sofreímos la cebolla. Cuando esté transparente añadimos la zanahoria y el ajo. Dejamos 5 minutillos.

3. Añadimos los trozos de patata y el tomate. Luego el chorizo y la punta de jamón. Dejamos 5 minutillos.

4. Incorporamos las lentejas.

5. Añadimos agua, al menos entre litro y medio y dos litros. Yo suelo llegar a los dos tercios de mi olla que es de 4L.

6. Cerramos la olla. Una vez empiece a salir vapor, contamos 20/25 minutos a fuego suave/medio. Apagamos el fuego, esperamos a que salga el vapor y podemos abrir. Rectificamos de sal si fuese necesario.

7. Si, como a mí, os gusta lo que Ana denomina "sopa de lentejas" os la coméis de inmediato. Con muuuuuuuucho caldito. Si queréis unas lentejas más guisadas tenéis dos opciones. O las hacéis de víspera o las dejais cocer 10/15 minutos más con la olla destapada.

Notas.
- De compango podéis echarle lo que más os guste. Mi padre gusta de un poco de morcilla y panceta o tocino veteado.
- También admite más verduras, pero en esta versión, mi favorita, soy fiel a la zanahoria, al tomate y a la patata.
- Yo no pelo el tomate, pero sino queréis pieles colgantes, es necesario hacerlo. 
- Yo sí busco piedritas en las lentejas. Me encanta el sonido de extenderlas sobre una bandeja e ir buscando terroncitos.
- Es una receta en la que no hay que preocuparse por el orden de los ingredientes en la cazuela. Sofreir, echar agua y cocer. Chim-pún.
- Se pueden congelar, pero sin patata. Yo suelo guardarme siempre un tapercito.

Eh, ¿el plato qué, eh? ;)


7 de abril de 2017

magdalenas de chocolate blanco


Aspirante a magdalena de Proust.

Siempre me ha parecido algo mágico la capacidad de evocación de los olores. Entrar en algún lugar y, de repente, volver al recibidor de la casa de piedra de mi bisabuela Amelia en Santesteban. Aquel jersey de lana. Trasladarte a la playa en pleno invierno al echarte la crema de sol.

Sería bonito que en algún lugar en algún tiempo futuro alguien se acordara de que en mi casa olía a pan y dulces.

Así que me he comprado el libro Magdalenas de webosfritos. Por aquello de practicar :)

Ingredientes

· 3 huevos grandes
· 150 g de azúcar
· 75 g de aceite de oliva suave
· 125 g de nata para montar
· 70 g de chocolate blanco
· 250 g de harina normal
· 12 g de levadura de repostería
· Ralladura de mandarina
· Una pizca de sal

Preparación

1. Derretimos el chocolate blanco en un bol en el microondas o al baño maría vigilando que que no se queme.

2. Batimos los huevos con el azúcar durante cinco minutos con una máquina de varillas hasta que blanqueen.

3. Incoporamos a la masa el aceite, el chocolate blanco fundido y la nata. Lo hacemos paulatinamente y sin dejar de batir.

4. Añadimos la ralladura de mandarina y removemos con una espátula.

5. Mezclamos y tamizamos los ingredientes secos: harina, levadura y sal. Se los añadimos a la masa, integrándolos bien, pero sin batir en exceso.

6. Refrigeramos la masa en la nevera un par de horas.

7. Rellenamos con la masa las cápsulas de papel de magdalena hasta tres cuartas partes de su capacidad. Metemos las cápsulas en moldes rígidos.

8. Horneamos durante 10 minutos a 220 ºC y después otros 5 minutos a 200º aproximadamente.

Notas


- Acordaros de que para que queden hermosas y con copete hay dos asuntos fundamentales: masa bien refrigerada y molde rígido.
- La receta original de webosfritos lleva un poco más de azúcar. Admite 50 g más si os apetece.
- Si queréis que tenga una costra de azúcar por encima, echádsela justo antes de entrar en el horno. Yo no soy muy fans, por eso no lo hago.