30 de junio de 2015

ensalada tibia de berenjenas



Hay días en que uno se levanta geométrico y hace recetas concéntricas. Hay días en que en Barcelona hace un caloret insoportable y las ideas se evaporan.

Os dejo una ensalada tibia para los veranos atlánticos. Esos que después de 15 horas y media en tren pasando por 11 capitales de provincia, ya te arrepientes de haber abandonado.


Que tal número de horas se dice rápido, pero se pasan despacio. Lo mejor fue un grupo de jubiletas animosos que se subieron en Pamplona, volvían de excursión, con un puntillo justo de pacharán. Nos hicieron el camino mucho más animoso. Yo de mayor quiero ser así de simpática.


Estoy en ello :P


Ingredientes.


· Una berenjena.

· Dos tomates medianos.
· Queso de cabra.
· 15-20 olivas negras.
· Aceite de oliva.
· Albahaca.
· Sal.

Preparación. 


1. Se corta la berenjena en rodajas muy finas y se pone a remojo en agua con sal durante media hora aproximadamente.


2. Hacemos por tandas las berenjenas a la plancha con un chorro de aceite de oliva. Hay que cocinarlas bien, requiere su tiempo. Paciencia. Cuando finalicemos, reservamos sobre papel absorbente.

3. Mientras lavamos y cortamos los tomates también en rodajas.

4. Cortamos el queso.

5. Deshuesamos las aceitunas.

6. Ponemos en el vaso de la batidora las olivas negras deshuesadas, unas hojas de albahaca, una pizca de sal y unas gotas de limón. Trituramos hasta obtener una pasta. Poco a poco vamos añadiendo el aceite hasta obtener una pasta suave.


7. Montamos la ensalada bonicamente y aliñamos con la olivada.

Notas. 

- Si os sobra olivada, os la coméis ricamente con pan. Comprad buenas aceitunas, si tenéis donde, que se nota mucho. Yo no sé mucho de variedades, pero en este artículo de El Comidista os podéis ilustrar sobre la receta.

22 de junio de 2015

caracolas con crema de cacao y almendras



Comprar un tarro de crema de lechecacaoavellanasyazúcaaaar siempre ayuda a mantener el tipo. Que nadie os diga lo contrario en estas fechas. Os voy a dar un ejemplo.

Muy cerquita de mi guarida segunda hay una librería, El cascanueces. Tanto el lugar como sus dueños son amor, pero tienen miedo cuando aparezco por la puerta. Disque tiendo a encargar cosas extrañas. Yo digo que eso no siempre es cierto y que si para encontrar Roma capital. Invención y construcción de la ciudad moderna tuvieron que remover Roma con Santiago —codazos y guiños— la culpa, evidentemente, no fue mía. A profesores pedantes no me gana nadie.

El caso es que una de mis últimas adquisiciones en su tienda fue Postres y otras dulcerías, de Pamela Rodríguez. Ella es la autora del blog unode
dos del que ya os he hablado en numerosas ocasiones. Es una chica de Ourense, afincada en Bilbao, que hace maravillas. Y yo, aunque no hago maravillas ni soy de Ourense ni vivo en Bilbao, pues quería su libro. 

Lo encargué en El Cascanueces unas semanas antes de que saliera a la venta, sin avisarles de ese pequeño detalle. Se pusieron a buscarlo con escasos resultados. De ahí mi mala fama. Y sin tan siquiera habiéndome echado a dormir.

Unas semanas después llegó y lo estrené con la receta de la foto de portada con el fin de que fuera reconocible. Para compensar lo brasas que soy como cliente, les bajé media docena de caracolas a la librería. 


Así se mantiene el tipo. El moral, claro. Las otras tantas nos las acabamos zampando... ;)


Ingredientes.

Para la masa.
· 120 g de leche.
· 8 g de zumo de limón.
· 8 g de levadura fresca.
· 15 g de miel.
· 1 huevo.
· Ralladura de una naranja.
· 275 g de harina de fuerza.
· Una pizca de sal.
· 30 g de azúcar.
· 25 g de mantequilla (¡a temperatura ambiente!)
· 1 huevo (para pincelar)

Para el relleno.
· Crema de cacao y avellanas (comercial).
· Almendras picadas.

Para el almíbar.
· 50 g de agua.
· 25 g de azúcar.
· Unas gotas de licor de naranja.

Preparación.

1. Mezclamos la leche con el zumo de limón y la dejamos reposar durante unos 15 minutos. Al cabo de ese tiempo, habrá espesado. Es posible que os parezca que está cortada, pero tranquis, eso es lo que buscamos. Removemos bien la leche y desleímos en ella la levadura fresca.

2. Añadimos a ea mezcla la miel, el huevo batido y la ralladura de naranja.

3. Incorporamos poco a poco la harina, con la sal y el azúcar. Removemos bien hasta obtener una masa homogénea, nos podemos ayudar de una rasqueta o una cuchara, meter las manos o ayudarnos con algún tipo de maquinaria.

4. Tenemos que echar ahora la mantequilla. Es mejor hacerlo en dos o tres veces teniendo cuidado de no agregar el siguiente trozo hasta que no esté bien integrado el anterior.

5. Formamos una bola. La masa es lisa y agradable al tacto. Engrasamos un cuenco y depositamos en él la bola. Cubribmos el bol y dejamos que la masa duplique su volumen.

6. Enharinamos ligeramente la superficie de trabajo. Volcamos la masa sobre la superficie y la desgasificamos presionando con las manos.

7. Estiramos la masa con la ayuda de un rodillo dándole forma de plancha rectangular con un centímetro de grosor aproximadamente.

8. Le damos un golpe de calor en el núcleo irradiador a la crema de cacao para que se derrita y sea más facil untarla. Unos diez segundos en el microondas serán suficientes.

9. Distribuimos la crema de cacao y las almendras por encima de la masa. En uno de los dos lados largos del rectángulo dejad un margen de 3 ó 4 cm sin nocilla para que después, al enrollar, no se salga toda por fuera.

10. Enrollamos la masa sobre sí misma por el lado largo y comenzando por el extremo que sí tiene nocilla. Formamos una especie de brazo de gitano.

11. Cortamos rodajas de aproximadamente dos dedos con un cuchillo muy afilado. Salen aproximadamente 12 caracolillas. Las colocamos sobre un par de bandejas de horno forradas previamente con papel de ídem. Las pincelamos con huevo batido y las dejamos levar durante una hora.

12. Volvemos a pincelar con huevo batido. 

13. Horneamos en el horno precalentado a 180 ºC durante 20 minutos o hasta que estén doradas.

14. Mientras se hornean, preparamos el almíbar. Hervimos el agua y el azúcar durante 2 minutos. Apagamos el fuego e incoporamos el licoreto que nos guste.

15. Cuando saquemos las caracolas del horno, aún en caliente —que poco respeto—, las pincelamos con el almíbar. Después, las dejamos enfriar sobre una rejilla.

Recomendaciones.


- Rellenar de crema pastelera y pasas maceradas, como la receta original.

- Los dos extremos quedan más feotes, pero ricos igualmente. Es importante hacer el proceso de extender el relleno y el formado con mimo. Los resultados serán mejores.

12 de junio de 2015

calabacines rellenos de bonito con tomate




¡Recórcholis! Qué ganas de verano, sol, mar y tomates.

De bicicletear por las noches, de comer en la terraza del faro, de variar de playa —a cada cual más bonita—, de ser 25 en casa, de excursiones con tortilla, de bucear, de bajar acantilados, de meterse en ríos, de tomar helados, de conciertos en el fredi, de cañas y marraxo, de juegos de mesa, de dar clases improvisadas, de viajes sorpresa, de mañanas de biblioteca, de hacer km en coche, de dunas, de siestas hamaqueras y de no parar en todo el día.

Ea, siento este arranque estival, pero es que el sol y otro tipo de incidentes me trastocan la azotea.

Mientras llegan los días de júbilo, que llegarán, un adelanto en forma de receta. 
 
Ingredientes.

· 4 calabacines redondos.
· Restos de bonito con tomate.
· Queso para rallar.
· Aceite de oliva.
· Sal.

Preparación.


1. Lavamos los calabacines y les cortamos la "tapa".

2. Vaciamos su contenido con una cucharita. Tened cuidado de que no se os rompan las paredes. Espolvoreamos una pizca de sal y unas gotas de aceite en su interior.

3. Asamos durante 15-20 minutos los calabacines en el horno precalentado a 180 ºC. Han de quedar tiernos, pero no muy blandos. No se pueden desmoronar. Recordad que tenéis que asar también los sombreritos.

4. Picamos el relleno del calabacín y lo salteamos en una sartén con una cucharada de aceite.

5. Incorporamos los restos de bonito con tomate al calabacín salteado. Rectificamos de sal.

6. Cuando los calabacines estén en su punto introducimos el relleno con cuidado.

7. Rallamos queso por encima y los gratinamos durante 5 minutos. Servimos con los sombreritos puestos.

Notas.

- Podéis no cocinar previamente el calabacín y asar todo a la vez, pero tened cuidado de que el bonito se seque.
- Si no tenéis restos, hacéis una salsa de tomate e incorporáis una buena lata de bonito.

1 de junio de 2015

"helado" de plátano, fresas y cerezas



Estrenemos junio y comamos helado.

Vaaaaaaaaale. No es helado de verdad, pero da el pego, está rico, es fácil y alegra un postre.

¿No está mal tampoco, no? ;) 

Ingredientes. (2 cuenquitos)

· Un plátano.
· 3 ó 4 fresas.
· 5 ó 6 cerezas.
· Leche (opcional)

Preparación. 

1. Lavamos y secamos las fresas y les quitamos el pedúnculo. Lavamos y secamos las cerezas y las deshuesamos. Pelamos el plátano. Cortamos todas las frutas en pedacitos.

2. Las congelamos durante al menos una noche guardadas en un táper, bandeja o bolsita de plástico.

3. Sacamos las frutas del congelador, agregamos una cucharada de leche y trituramos bien todo con una buena batidora.

Notas.

- Lo que le da textura a este helado es el plátano. Es un ingrediente imprescindible. Se pueden variar el resto de frutas, una buena alternativa es mezclarlo con mango y un poquito de vainilla.
- Cuanto más potente sea vuestra batidora, mejor. Si tenéis una buena americana, de esas que trituran hielo, no vais a tener ningún problema. Sin embargo, yo lo hago con una "túrmis" de mano de 300 míseros vatios y mucha paciencia. Dejo atemperar la fruta 10 minutos y luego, poco a poco, voy batiendo. Trituro, le doy vueltas con una cuchara, y vuelvo a triturar.
- Con mi humilde batidora no os metáis porque me la regaló mi querido padre cuando me fui de casa. Eso, y una olla a presión. Mi padre mola.
- Es posible que mi bienquerida batidora la espiche haciendo estos helados, ¿pero puede haber una muerte más dulce?
- Espichar es una palabra recogida por la RAE. Me encanta.


24 de mayo de 2015

paseo comidista por Irlanda

Este es un nuevo ladrillito sobre Lu comiéndose el mundo, aunque sólo hay una manera de que mi personita pueda hacer eso*.
 
Voy a intentar recopilar experiencias comidísticas de los viajes a Irlanda que recuerdo. Por alguna razón, algo en común tenemos esta isla y yo, creo que son cinco ya las ocasiones en las que he he tenido la suerte de visitar tan verde país. Las dos primeras veces todavía era una chicuela y mis recuerdos no están asociados al comercio y al bebercio, sino a cometas, playas, persecuciones por las escaleras de mi querido primo Halpin y ver la película de Solo en casa.


Hay cosas que no cambian. Despeinado playero.

Más adelante pasé un verano adolescente —aunque yo no he sido nunca de eso— con una familia irish. Tenía 14 años. Un día les hice gazpacho y antes de irme les dejé escrito el modus operandi tortillero. Ya apuntaba maneras. Recuerdo que amablemente habían comprando una botella de aceite de oliva para mi estancia en su casa. Desayunaba cereales hiperazucarados con leche y me preparaban la típica tartera de sandwich + zumo + chocolatina para llevar a comer al colegio. Fue mi época más parecida a vivir en un libro de Enid Blyton.

Si quieren evitar anécdotas de abueliña cebolleta sáltense el siguiente párrafo.

De esta época también recuerdo una experiencia traumática. Era un domingo y teníamos comida familiar, de esas de mantel y vajilla elegante. Habían invitado a la abuela de la familia y a una tía monja. Estábamos las tres en la mesa porque mis "padres" de acogida estaban trasteando en la cocina. La conversación que manteníamos la abuela, la monja y yo, como podéis imaginar, era de lo más apasionante. Gracias a dios —en eso la monja y yo concordamos— no tardaron mucho en traer el primer plato. Resultó ser una sopa de tomate caliente, muy densa y especiada. Recuerdo que no sólo no me gustó nada sino que me provocaba arcadas. No sabía qué hacer porque traía muy bien enseñado eso de "no se dice no me gusta", pero yo aquello no me lo podía tragar. Disimuladamente —o eso creía— fui depositando cucharadas de sopa espesa encima de mi servilleta, posada sobre mis piernas, debajo del mantel. Una guarrada de tomo y lomo, pero efectiva. Cuando tuve el plato vacío, educadamente me lo llevé a la cocina transportado a su vez la servilleta entomatada. La lavé bien bajo el agua del grifo y la eché en la lavadora. Volví a la mesa y me comí el segundo plato. 



Volvamos al siglo XXI.

En verano de 2013 pasé una semana recorriendo la costa oeste de la isla y hace aproximadamente tres semanas estrené una fría primavera en Dublin fair city. En ambos viajes iba acompañada de muy buena gente, con paciencia para sacar fotos de los platos, visitar mercados y probar cosas ricas en todo tipo de garitos.

Acercamiento a la comida tradicional.**

Point namber uan. He de aclarar que soy una fiel defensora de que en las islas británicas e irlandesas no se come tan mal como su fama les precede. Simplemente hay que saber donde hacerlo. Tienen buena comida tradicional injustamente valorada e ingredientes de calidad a mano para conseguirlo. Cierto es que es una concilla sencilla que tira fundamentalmente de productos de la tierruca, patatas, col, cebollas, carne y derivados, salmón, bacalao, algunos mariscos, hierbas frescas, frutas del campo, buenos lácteos y buen pan.

Un ejemplo de ello es el irish stew. Un guiso de carne, normalmente cordero o ternera, con verduras, patata, zanahoria, cebolla... de los que quitan el frío y las penas.


Irish stew dinners. Imagen sacada de aquí.
Bonita foto del guisote sacada de Citrusandcandy.

Otro plato que probé, y me gustó mocho, fue el colcannon. Un puré de patata con repollo u otra col, perejil, cebolla y arrobas de mantequilla. En Killarney, en el condado de Kerry, también nos comimos un puré de guisantes muy bien logrado.

Volcán de mantequilla. Imagen sacada de Simply Recipes. Dice eat me!

Los irlandeses, además de encantadores, también son soperos. En cualquier casa de comidas, taberna, pub o como lo llamen allá, suele haber soup of the day with homemade bread. A mí con eso ya me han conquistado. Son sopas contundentes, con verduras, cereales variados —puedes encontrar avena, arroz, cebada— y un buen caldo. Se sirve acompañada de un pan oscuro con mantequilla —siempre con mantequilla— para acabar de montar la fiesta. 

Otros platos tradicionales irlandeses son el coddle, un plato con base de salchichas y patatas, y el botxy, que aunque suene vasco, es una especie de tortita de patata. Servidora no los ha catado y no emitirá juicio alguno en un acto de responsabildad suprema. ¿Estás orgullosa, Cris?

Pan y dulces.

Este es un apartado que me motiva. En Irlanda es frecuente encontrar panadería, bollería y repostería de calidad, "casera" y es algo que me da mucha envidia. Es el único contexto en el que entendería utilizar aquello de envidia sana, ya que al no comerlo, no se me van a tupir las arterias.

We really love scones! Es un pancito dulce y redondo de origen escocés, pero popular también en la isla vecina. Se toma en las meriendas con té y se unta con mantequilla y nata. Aficioné ya a Fer y Mary en mi anterior viaje y no me lo tuve que trabajar mucho para que Uxi y Andrea también cayeran rendidas. 

Primer plano de un scone realmente fotogénico. Foto de Carrín.

Nuestra primera parada en Belfast fue en un mercadillo de cosas bonitas: artesanía, comiditas, telas, juguetes, ropa... Vimos un puesto con scones y bebidas calientes y estábamos con frío y en ayunas. La ocasión la pintaban calva, PERO, siempre hay un pero, no teníamos pounds. Malditas fronteras. Con una sonrisa le preguntamos a la chica del puesto si podíamos pagar en euros, y como viajaba a Francia la semana siguiente, nos aceptó nuestros aurelios. Escogimos cada una un scone diferente y fue el mejor desayuno del viaje.


Scones de manzana y canela, arándanos, pera y almendras y dátiles con pasas. ¡Premio a quien adivine el mío!

Quiero hacer también mención al pan de soda. Es muy típico en Irlanda y su característica principal es que sustituye la levadura por bicarbonato sódico —levadura química—. Es un extraño bizcocho salado. Nos asegura Iban Yarza en su libro que al ser un pan que no tiene fermentación es importante trabajar con harinas de calidad, especialmente integrales, para otorgarle sabor. Se le pueden añadir frutos secos, pasas, etc. Aquí tenéis un enlace a The Society for the Preservation of Irish Soda Bread y otro a How to bake the perfect Soda Bread del periódico The Guardian para que veais que es un asunto de índole nacional.


Pan de soda. Imagen sacada de aquí.

No puedo acabar este pseoudobloque sin hablar de otros tres dulces habituales que me gustan mucho y pruebo si tengo ocasión: carrot cakes/bizcochos de zanahoria, rhubarb pies/tartas de ruibarbo y short bread/galletas de mantequilla. Podría comer toneladas de estas últimas. También tienen origen escocés.

Algunos apuntes para para comer fuera en Dublin.


Este bloque hubiera sido inaceptable sin las recomendaciones de Yas que tuvo a bien haber ido probándolo todo antes de nuestra llegada :P

Yamamori. Cenamos allí nuestra primera noche. Es un asiático enorme y con una decoración muy bonita. Nada de leones y dragones rojos y dorados. Pedimos un menú de cinco platos para tres personas que costaba 35 euros. En Irlanda, el agua te la traen del grifo, está buena y es for free. Degustamos:

· Tempura de verduras. Pasable, pero normalita.
· Curry de carne de ternera con boniato, zanahorias y arroz. Se deshacía en la boca, muy bueno.
· Pato confitado con salsa extraña. Para mí no fue lo más rico, pero triunfó entre mis acompañantes.

· Salmón con salsa teriyaki. Con salsa teriyaki la vida siempre es más fácil.
· Unos rollitos de algas con queso brie. No.

Todavía no sé comer con palillos :(

Green 19. Nuestro local preferido, fuimos dos veces. Bueno, bonito y medianamente barato. Ah, y con camarero mono. El primer día pedimos sandwiches y bagels. Brutales. Rellenos de cosas ricas y con sobreabundancia de patatas, ensaladas y salsorras. La foto no le hace justicia.

Os prometo que llenaba: pollo, bacon, lechucas, mayonesa, tomate... 7/8 euros por plato.
Andrea se pidió un bagel que tenía un pan normalito pero con un excelso relleno.

En nuestra segunda visita, compartimos pollo asado con puré de patatas, ensalada verde y de postre, un brownie de avellanas. ¿Por qué no se me habrá ocurrido antes hacer brownie con avellanas? Si nada casa mejor con el chocolate que las susodichas.

Pit Bros BBQ. Si sois amantes de la carnaca, este sitio de cómida rápida no está mal. Bastante cantidad, a buen precio y de calidad decente. Atienden medianamente rápido. Lo mejor, el típico pulled pork. En el precio viene incluido un helado de máquina en el que te echas tú mismo la cantidad que quieres. Y la que no quieres también, porque es completamente incontrolable.

Un lugar de cuyo nombre no puedo acordarme. Útil, ¿eh? Estaba situado en la zona de Temple Bar y nos regaló un buen desayuno de despedida en una terracita para nosotras solas. Nuestra idea era probar las numerosas tartas que tenía en su escaparate, pero divagamos por otros derroteros. He de decir que es la segunda vez que viajando con Yas y Uxi casi no tenemos dinero para pagar en un local. En la primera ocasión era un tugurio donde te servían el vino en biberones. Y hasta aquí puedo leer.

Desayuno americano irlandés de lady Yas.
Desayuno franco irlandés de lady Lu.
Desayuno revuelto irlandés de lady Uxi.

Sláinte!

Sláinte es la palabra irlandesa para brindar. Es un país donde la cerveza está en los genes. Donde se pide una pinta antes de acabar la que tienes. Donde la música en los pubs realmente se canta desde dentro y donde finalmente hay algo especial en compartirla con gente de bien.

Probamos Beamish, Murphys, Smithwicks, una cerveza local en Killarney, alguna más que no recuerdo y, of course, Guinness. He estado en la fabriquilla/museo de marras tres veces ya, aunque en la primera vez solo pude mojar los labios en el líquido elemento. Las pintas que te sirven en el museo están muy buenas, pero la entrada es una clavada interesante. La visita está bien, pero 18 euros para mí es un precio excesivo para su contenido. Lo que más me gusta siempre es la sección de recetas*** y de publicidad. De mayor quiero ser así de jefa.
 
Mi colega Fer, de Cervecívoros, yo y otras gentes ajenas recién graduados en cómo servir una Guinness. También hay que turistear.
 
Dos sugerencias para tomar una —o las que sean— cerveza en Dublin: el Sweeney's y The Bernard Shaw. Ambos locales son bonitos, destartalados, con historia y buena música. El segundo, además, con algo de magia. Muy fans.



La fachada delantera de The Bernard Shaw. Os falta el beer garden, el patio de los murales y el autobús de las pizzas.


Para finalizar... BSO emotiva.

Es posible que hayáis notado mi "pequeña" adicción a la mantequilla tras la lectura de este post. Lo tengo todo bajo control, no preocuparse. En el mercado de San Agustín tengo un par de camellos que me proporcionan material de calidad.

Una vez aclarado esto, tengo que hacer mención a la mejor comida del viaje. Lo fue por dos razones. La primera, porque soy verdulera y una superensalada después de tropecientas comidas fuera, hace que se me caiga el lagrimón. La segunda, y la que cuenta de verdad, es que estábamos en casa. Yas, sabes abrir una puerta, habiendo cerrado una ventana ;) Y, aunque parece una chorrada, este plato estaba hecho con amor del güeno. Mozos y mozas, sabed que eso siempre se nota.


¡Graciñas!

Que volveré a Irlanda, lo tengo claro.

¡¡¡ Postureo !!!

* Véanse anteriores experiencias en Noruega, Centroeuropa y Guatemala.
** Este es un gran blog sobre cocina tradicional irish.
*** Dos recetas de bizcochos con Guinness en el blog, primera y segunda vuelta.